Friday, January 28, 2011

La crítica de siempre


Año, tras año la misma crítica. La que me hace reventar, la que me enoja, requiere una explicación así que yo me desahogo y ya verán si terminan de leer o no.

Sin citar fuentes, aunque haciendo referencia a El Salvador de David Browning, y Por las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano voy y cuento.

Durante mucho tiempo en El Salvador, la economía se basaba en producción agrícola que regentaban unas cuantas familias, el poder se basaba en la tierra y lo que esta producía en teoría. El verdadero poder consistía en lo que pasaba dentro de la Hacienda. (El Cortijo, en otros lados).

El campesino, en un 99% de ascendencia indígena vivía de alquiler en la Hacienda, entendiendo de alquiler aquella propiedad en la que nacía, vivía y moría y sobre la cual no tenía ningún documento legal de pertenencia. Además de agradecer que la Hacienda producía y le daba para vivir al dueño, el campesino recibía su salario en una moneda acuñada en la propia Hacienda y que sólo era válida en el economato (tienda) de la misma Hacienda. La cual también daba al crédito (fiaba) y vendía los productos de necesidad que la gente necesitaba.

Salir de la Hacienda ya era un logro, era ya un mundo. Por mucho tiempo este sistema exploto sin misericordia a la gente, financio los grandes avances constructivos pero no era progreso lo que había detrás.

Con el tiempo todo fue pasando, se instalaron los salarios, la moneda reconocida y el alquiler.

Pero la clave del poder seguía siendo la misma, no la producción de la tierra, sino la producción de la gente.

La Iglesia ni hablemos de lo que contribuyo…pero eso es otro tema.

El sistema cambio, en principio así debería de ser. Pero no, hubo maquillaje pero sigue siendo el mismo problema.

Sobrepoblación causada por sistemas educativos que fomentaban la ignorancia. Y la rueda vuelve a empezar. La clave de la industria agrícola es tener gente que recolecte la producción. Sobre todo en cultivos que son "intensivos de mano de obra" como el café, la caña y el algodón.

La hacienda ahora se vuelve país, los límites de la hacienda fronteras y la moneda de cambio la propia del país. Pero la producción se mantiene, la cantidad de gente que hay hace inviable la puesta en producción de tecnologías dado que hay tanta que sale más barato la hora de una persona que traer una máquina.

Los campesinos, que siempre habrán, pasan ahora a ser la clase media y aquellos que estudian en escuelas, universidades pensando en progresar pero sin la visión clara de donde esta el progreso. Es una caja de ratas, donde la gente no quiere salir, y cuando quiere no puede. Un viaje entre países en américa central es prohibitivo. Además de los controles impuestos como documentos...porque además hay que recordar que el sistema de haciendas es genérico en América Central.

A ningún gobierno le gustaría que su gente saliera y hubiera libre tránsito, porque los que necesitan la mano de obra deberían pagar más por ella, por eso la no circulación de la gente.

Y la tienda de la hacienda, los bancos con las tarjetas de crédito.

Al mismo tiempo los mismos de siempre. En la asamblea legislativa, en los telediarios, la evolución social parece haberse detenido porque aquellos que podrían haber sido el relevo…simplemente no quieren, o se fueron. Al sistema en realidad no le interesa alimentarse de fuera, por ello la dependencia no productiva de las remesas.

Identificar la mentalidad de Hacienda en estos momentos es difícil, la sensación de libertad propiciada y alineada por un consumismo voraz, la cultura ocasionada por una sobre oferta de medios de comunicación, y una violencia social controlada de manera que no afecte demasiado a los sectores que controlan la economía, hacen que poca gente reflexione sobre el tema.

Pero la crítica sigue siendo la misma y tenía que escribirlo.

No comments: